Cajón de sastre… o desastre


AÑIL
enero 14, 2011, 12:29 am
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Aquella  era una noche de insomnio, de esas que le dejaban unas ojeras azuladas y la tez pálida.  Debió ser  tras la tercera vuelta de tuerca,  con pies enredados en un ovillo de sábanas,  cuando decidió taparse el cuerpo entero de celo, papel de celofán y papel cebolla creando un universo de color de rosa.

No esperó a que el alba con su ténue resplandor le despojase de las ideas alumbradas en las tinieblas y comenzó manos a la obra, casi sin remangarse.

Poco a poco las capas se iban superponiendo de pies a cabeza,  dando forma a su pequeña burbuja, escondiéndose tras capas pegajosas, cada vez  más aislantes, más apretadas, tanto que mutaron el añil de sus ojeras por el morado de su garganta.



grrr
diciembre 9, 2010, 10:32 pm
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Ya no tenía edad, más bien era todo lo contrario, edad tenía un poco, un porrón, mucha, demasiada, como un montoncito de arena que se había ido acumulando poco a poco con el discurrir del tiempo y que así como que no quería la cosa había dejado intransitables los caminos de la infancia. Ahora ya no tenía edad, ahora cuando ya había coleccionado todos los años, todos los recortables y todos los cromos, ahora resultaba ya no tener edad para esas cosas ni para aquellas otras. Pero aquel día le dio lo mismo y se enfadó, con un mosqueo sordo, insulso, intransigente, infantil, un berrinche de los de antaño, de los que consciente de lo absurdo de la situación quería seguir en sus trece,  teniendo el derecho a la pataleta.



CERO
diciembre 2, 2010, 10:45 pm
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Cero… podría ser una definición numérica de la nada, la descripción de todas las carencias.
Pudiera ser el cero patatero algo más nutritivo, algo que llenase los estómagos vacíos, o fuese algo más consistente el cero a la izquierda, ya que al nombrarlo al menos sería uno… un cero a la izquierda y ya dejaría de ser inexistente y pasaría a ser de nuevo un uno.
Y del uno ¿por qué no pasamos al dos? y así ya acompasados pueden multiplicarse en una fiesta de números.
Pero por ahora tan sólo tenemos el cero… un cero.



Volviendo a respirar
diciembre 2, 2010, 10:14 pm
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Las piernas flexionadas y el trasero apoyado contundentemente en un asiento descolorido no habian sido lo suficiente para sentir un descanso reconfortante. Sus mandíbulas  mascaban algo, la tensión por lo que acababa de recordar. Inconscientemente se lo había propuesto y lo había  conseguido, lo habia matado o al menos dejado en coma profundo.   Entonces se sacudió las telarañas que le ataban los dedos y comenzó de nuevo.



un día cualquiera
abril 11, 2010, 5:27 pm
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Se despertó repentinamente con la sensación de no reconocer su ser en su propio cuerpo, el aturdimiento le impidió el día de la semana que había amanecido.  Hacía años que su cama estaba cercenada por la mitad exacta, dejando impoluto un hueco deshabitado, pero esa mañana advirtió que se había traspasado la frontera y las sábanas se arrugaban por igual a ambos lados. Su garganta áspera le impedía articular cualquier palabra, tampoco era necesario decir nada. Hacía ya tanto tiempo de tantas cosas que ya no recordaba ni siquiera el nombre de nada parecido, o se acordaba pero no quería, daba igual, volvería a ser fugaz y ya no gastaba fuerzas en intentar que las cosas fuesen de otro modo.  A estas alturas ni siquiera era consciente de si sucedían realmente o si eran un sueño, seguramente fuese esa la razón para no engancharse de otra historia de las que al final sólo dejaban cicatrices. Su alma se parecía más a una corteza de un arbol vetusto que a la suave piel de un bebé.

El escueto sol que se colaba a través de las rendijas de la persiana había comenzado a intensificarse, no había vuelta atrás, tenía que levantarse. Emulando a un autómata se dirigió a la ducha, primer ritual matinal

Era un día cualquiera,  uno de los muchos que había coleccionado desde hacía varios años, uno similar al anterior y muy posiblemente casi idéntico al posterior, pero infinitamente distinto a un día cualquiera de diez años atrás. Le resultaba curioso observar cómo mutaban casi imperceptiblemente los días y con ellos las vidas.

Salió como todas las mañanas,  pero esta vez despacio, pisando fuerte, dejando atrás  la prisa de siempre, la eterna lucha contra el reloj, una calma tranquila parecía invadirlo todo.



Cebollas
marzo 28, 2010, 11:41 pm
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¿Para qué sirve todo redondo, todo completo si al final es duro y pestilente? y respondieron con otra pregunta ¿para qué sirve si todo es cuadrado, completo y con aristas si al final chocamos?.

Algo tan ingenuo como pelar unas cebollas corrientes se convirtió en una reflexión espontánea de la vida. No soltó ni una lágrima, no quitó ni una sola capa, sólo la rabia contenida fue capaz de cortar un aro, seccionado cada capa con un corte preciso. 

Las caras de millones de mujeres ataviadas con delantales y cortando una y otra vez cebollas para dar de comer a su prole llegaron a su retina. Aquellas féminas que emanaban ese hedor habian sido consideradas vulgares. Sociedad aséptica, de esencias, de aromas, de preparados sintetizados que se olvidada de las raíces, de la tierra.



Despedida
marzo 12, 2010, 2:53 pm
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Algunos días las cosas se repiten incesablemente, los ojos en cualquier lugar ven lo mismo. Un lenguaje de signos encriptados deseando ser leídos, de parir el mensaje que guardaban. Hoy eran  maletas, pequeñas, preludios de un viaje relámpago un fin de semana anterior a un puente. Las primeras eran sorpresivas por la fecha en que se daban, las siguientes ya sólo notas de una sinfonía armónica que espontáneamente comenzaba a sonar.  Luego flores de vivos colores, rompiendo la monotonía cromática de un día, como tantos otros, sin sol, sin lluvia, sin sombras, solo un gris perlado apagado. Con el café descifré el mensaje, toda una partitura de un réquiem, de una despedida, un viaje de partida, una lágrima evaporada por una pluma seca ya.  Castilla, la que me duele, la que amo ya te llora.



Caracoles qué frío.
marzo 8, 2010, 10:15 pm
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Asomaron tímidamente unos rayos de sol y aferrándose a su resplandor quiso sacudirse el invierno tras un febrero aguado cual abril, recordando que ni uno sólo de los días del mes precedente había hecho honor al perro que buscaba la sombra más a finales que a primeros, con la pequeña ilusión de que este marzo mayease sin importar ahora demasiado que luego en mayo marcease, salió a la calle así, de esa guisa, olvidando arroparse y se encontró de bruces con un semi soleado, semi húmedo día de fin de invierno, bien invernal, pensando más en volver a casa e hibernar envidiando a los caracoles por un instante. 

Entre el frío que hacía, que tenía, que llevaba y sus ganas de escaparse,  sus pensamientos insumisos corrieron a tiempos pretéritos, a un bosque, sin tal categoría, una arboleda, de hojas secas, zarzas altas y ramas caídas. Un olor a moho invadió sus fosas nasales, haciendo vivo, latente el recuerdo casi olvidado.  Allí una niña cogía caracoles, apenas encontraba alguno pequeño y despistadillo, hasta que en un momento encontró, uno, otro, otro y otro más, todos amontonaditos… la gran alegría duró hasta el momento de advertir un agujero en el fondo de la bolsa.  Los había encontrado juntos, los que antes habían estado separados.



Impresión
marzo 2, 2010, 11:12 pm
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Un día quizá te cuente que me gusta la fotografía, un día quizá te cuente que quiero ir camara en mano robando  rinconcitos de Madrid, los reflejos de los días de lluvia, los destellos de los soleados, pero al final no lo hago. Un día quizá te lo cuente,  quizá lo deje en mi cajoncito… ese desordenado que no sé si es de costurera, en el que a veces me pincho, pero eso será otro día.



Cuenta cuentos????
enero 27, 2010, 8:50 pm
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Cuentas,

 cuentos,

 cuentas,

 cuantas cuentas,

 cuantos cuentos…

Contaban o contábase que entre cuentas y cuentas de colores  se enredaba en un collar que le ahogaba, llegando al punto de no contar nada.




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