AÑIL
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Aquella era una noche de insomnio, de esas que le dejaban unas ojeras azuladas y la tez pálida. Debió ser tras la tercera vuelta de tuerca, con pies enredados en un ovillo de sábanas, cuando decidió taparse el cuerpo entero de celo, papel de celofán y papel cebolla creando un universo de color de rosa.
No esperó a que el alba con su ténue resplandor le despojase de las ideas alumbradas en las tinieblas y comenzó manos a la obra, casi sin remangarse.
Poco a poco las capas se iban superponiendo de pies a cabeza, dando forma a su pequeña burbuja, escondiéndose tras capas pegajosas, cada vez más aislantes, más apretadas, tanto que mutaron el añil de sus ojeras por el morado de su garganta.
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No me cuadra eso de “universo de color de rosa” con “el morado de su garganta”… no me engañes, te estás volviendo algo tétrica, no?
Comentario por Cara de lunes enero 14, 2011 @ 9:07 am